¿La sociedad de la des-información?




Como hemos visto en otras entradas, la forma en que recibimos la información ha cambiado. Hace años, ésta se recibía de una forma más directa a través de editoriales, locutores de radio, presentadores de televisión, periódicos… y eran ellos quienes se encargaban de informar a la ciudadanía de lo que pasaba en el mundo. Si bien es posible que dentro de la información siempre hayan estado presentes algunos sesgos políticos, sociales o económicos, con el crecimiento imparable de internet el panorama mundial ha cambiado por completo. 

La sociedad actual está fuertemente marcada por la globalización y la accesibilidad a todo tipo de información y conocimiento, lo que supone un avance que hace unos años habría resultado prácticamente imposible de imaginar. Sin embargo, en los últimos años y con la reciente llegada de la inteligencia artificial, se han dado cambios vertiginosos en cuanto al bombardeo informativo y a la abismal cantidad de bulos y noticias falsas tanto a pequeña como a gran escala.


Desde pequeñas cuentas falsas de redes sociales, hasta revistas científicas falsas donde los artículos no pasan un control adecuado, tenemos tanta información al alcance de nuestra mano que nos resulta imposible controlar todo lo que se manifiesta en la red, convirtiéndose en un problema que afecta especialmente a aquellas personas con bajas competencias digitales, ya que cada vez cuesta más diferenciar lo que es real y consta de una fuente contrastada, de lo que es información falsa y no tiene ninguna base o evidencia que lo respalde.


De hecho, a veces esta información falsa se publica con fines políticos, con el objetivo final de que la población la asimile y tome una orientación u otra, como pudimos comprobar por ejemplo con el caso de la DANA de Valencia, ya que surgían noticias contradictorias constantemente que permitían que los responsables se exculpasen de la catástrofe. 


A ello se le suma que también pueden tener el objetivo de obtener beneficios económicos, como por ejemplo el caso en que un reconocido periodista llamado Tamayo compró una sección en una revista científica, y publicó un artículo totalmente falso (en el que se especificaba textualmente que lo era y que no tenía ninguna base científica) y aún así no se encontró con ningún tipo de barrera u obstáculo a la hora de hacerlo.


Esto también se ve alimentado por redes sociales, ya que aparecen incontables noticias falsas que reciben retroalimentación por parte de los usuarios a través de likes, comentarios y el hecho de compartirlas con otros miembros. Tampoco podemos olvidar el papel que juega la IA en esto, ya que se ha convertido en una herramienta que permite hacer de forma realista vídeos e imágenes totalmente falsos. ¿Quién nos dice que en los próximos años no veremos un vídeo falso donde recrean un delito de una manera tan real que no lo podamos distinguir de la realidad? ¿Cómo nos preparamos para esto?


Si algo tengo claro al respecto es que la información es poder, y la educación es la clave de todo, pues si bien es prácticamente imposible controlar todo el contenido que nos llega, lo que sí podemos hacer una vez más es educar a las personas y aportarles herramientas y recursos que les permitan diferenciar lo que es verídico y contrastado de lo que no, con el objetivo de crear de internet un espacio más seguro para todos.


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